MI MUNDO ES EL TEATRO

miércoles, 12 de marzo de 2014

EL AGUA Y LAS HOCES



El agua se paró a mirarme, extrañada de mi presencia. 
Yo no era como ella, ni ella como yo. Saciada su curiosidad, levantó un remolino y siguió su camino sin darme ni un saludo ni un adiós. 
La vi pararse en un recodo para probarse, un trozo de musgo verde
Se miró en una brillante hoja y decidió que aquel musgo, no iba con su imagen.
Al cruzar unos rápidos la vi mojar con sorna a unos pescadores de truchas, sin ninguna en el anzuelo y con agua dentro de las botas.
Iba de piedra en piedra, como una adolescente, de novio en novio.
Una pequeña catarata le hizo saltar vestida de espuma blanca, carnavalesca y erótica, me salpicó el pecho dejándome la blusa pegada a mis pezones, que erectos, simularon estar en pie de guerra, aunque sin guerrera que hiciese poner el cuerpo a tierra.
La vi reírse de mi aspecto, de la agitación de mi pecho, del ardor de mi sexualidad.
La montaña se abrió de piernas para darle paso, mientras ella cantaba ruidosa la entrada a sus hoces, dejándome húmeda y sola.

imagen: Google

jueves, 6 de febrero de 2014

EL REGRESO



Miraba el mar. La furiosa embestida de las olas contra el acantilado. La enorme similitud entre el romper blanco de la espuma contra la caliza roca y el crepitar de los troncos en el fuego del hogar. 
El fuego y el agua. Lo opue
sto.
Se dejó mojar, sintiéndose parte de aquella furiosa naturaleza.
¿En qué momento había dejado de serlo?
No sabría decirlo.
Amaba con la misma furia que el mar, con igual ternura lamia la boca amada, como el acariciaba la arena, ola a ola, lenta y cálidamente.
El amor era como ella, o ella era como el amor. Loco e impredecible…
No supo cuánto tiempo estuvo allí.
Miraba el oleaje respirando la enormidad, sintiéndose más fuerte que nunca, mas excitada, más poderosa y a la vez débil.
Una ola la empujó contra las rocas. Un dolor intenso en la cabeza, su mano llena de sangre y el mareo inesperado le dieron la primera señal.
Se quitó el abrigo e hizo caso omiso de las voces que gritaban advirtiéndola.
Sabía que vendría a buscarla con la ola más hermosa y precisa. Volvería al origen, regresaría a casa, con el único amor que nunca le reprochó nada y le devolvió la vida tantas veces.
Le vio venir. Abrió los brazos y se dejó llevar al otro lado del azul, donde las rocas no iban a lastimarla nunca más. 

jueves, 9 de enero de 2014

LA CARRERA


Corrió tras ella hasta que los pulmones no le dieron más de sí. 
Aterida de frío, moqueando, tragándose el olor a gasoil, tuvo un acceso de tos hasta casi reventarse el estómago. 
Se sentó en la acera jadeando. 
Limpió sus ojos,
 con el pañuelo de papel arrugado
mientras veía alejarse el autobús,
con su chaqueta recién comprada en el asiento.